¿Y si cambiamos el enfoque de nutrición y bienestar?

08 DE OCTUBRE 2020 | Mercedes Rodríguez Toussaint



A lo largo de los años, la nutrición ha sido encasillada en la misión de llevar a la delgadez a todas las personas sin importar su historia, con el objetivo de asegurar la salud. La propuesta que hoy ponemos en tus manos para ti y los colaboradores de tu empresa es la siguiente: promover una buena alimentación por el placer de sentirse bien, teniendo en cuenta que los alimentos son la herramienta más poderosa y alcanzable para lograrlo.

Si tú y tus colaboradores invierten dinero, tiempo y esfuerzo en generar una cultura de bienestar con el propósito de aumentar la productividad, disminuir los índices de rotación y generar un mayor compromiso con la empresa y con ellos mismos, entonces esto te interesa.

Las actividades de promoción a la salud dentro de las compañías deben comenzar a plantear un horizonte en donde el individuo/colaborador se vuelva consciente del cuerpo que habita, en qué condiciones está y hacia dónde lo quiere llevar; que las métricas las refleje su organismo y disfrute los beneficios. Para lograrlo, los profesionales de la salud contemplamos el aspecto biopsicosocial de cada una de las personas que confía en nosotros.

Invitamos a los colaboradores a compartir responsabilidades y a ser participativos en este enfoque de estilo de vida, para ir paso a paso adquiriendo herramientas y habilidades a largo plazo (sin pretender resultados gigantes inmediatos); que vivan los beneficios y sean su fuente de motivación y adherencia, al visualizar los cambios adecuados a sus posibilidades, para así prevenir la aparición de enfermedades, controlar las existentes o evitar complicaciones, viviendo en equilibrio y sin caer en los extremos.

¡Sí se puede! Sólo debes poner en marcha las estrategias.

El diagnóstico: para que la intervención sea enfocada, la persona debe aprender a detectar los signos y síntomas que el cuerpo refleja. Por ejemplo: cansancio, dolor recurrente, gastritis, colitis, estreñimiento, inflamación e hinchazón, entre otros.

La intervención: la persona deberá identificar los hábitos actuales que están ocasionando esos signos y síntomas; los modificará a su propia medida, ritmo y de manera realista, haciendo pequeños cambios que sumen a corto, mediano y largo plazo.

La medición: si el colaborador es consciente de su diagnóstico, podrá sentir la diferencia y hablar del beneficio, y así evaluar qué hábitos y qué grado de adherencia requiere.

Respetar los gustos, la manera de moverse, los tiempos y las herramientas de cada individuo es la clave para contar con colaboradores activos en su bienestar.