Por qué, en situaciones de estrés, les gusta comer azúcar a tus colaboradores y cómo los afecta a largo plazo

22 DE OCTUBRE 2020 | Lic. Nut. Lourdes Toussaint



El estrés se define como un estado de cansancio mental, provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal, que suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.

Todos nos hemos sentido estresados y más a partir de la pandemia. Por lo general, lo primero que nos viene a la mente en esos momentos es comer algún rico pan de dulce, galletas, chocolates, helados... La mayoría de los seres humanos relacionamos estos alimentos con bienestar, pues los consumimos como modo de celebración o en situaciones agradables.

Sin embargo, también hay otra razón por la cual se nos antojan en momentos de estrés: el azúcar, una vez que es ingerido, manda al cerebro una señal de liberación de dopamina (conocida comúnmente por ser la hormona de la felicidad) y nos hace tener una sensación de bienestar. Pero es momentánea, así que al pasar unos minutos necesitamos volver a consumir algún alimento con azúcar para poder sentir de nuevo ese efecto.

A la larga, si repetimos constantemente esto, el exceso de azúcar tendrá efectos negativos en nuestro organismo, como:

  • Desajustes en el nivel de glucosa en sangre, lo cual resulta en poca energía y baja productividad.
  • Acelera el proceso de oxidación de las células, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
  • Se almacena en forma de grasa corporal, dando lugar al sobrepeso.

Recomendaciones que puedes dar a tus colaboradores para manejar mejor el estrés:


  • Realizar actividad física con regularidad.
  • Reducir su consumo de azúcar paulatinamente, un cambio a la vez. Por ejemplo: comer dos galletas en lugar de siete; agregar media cucharadita de azúcar al café en vez de dos.
  • Llevar una dieta balanceada.
  • Practicar técnicas de relajación, como respiración profunda, meditación, yoga o automasajes.
  • Convivir con la familia y los amigos, al menos por medio de una llamada o una videollamada.
  • Reservar un espacio para pasatiempos, como leer un libro, escuchar música, ver una película o realizar alguna manualidad.